La verdad está ahí fuera

¿Recordáis esta mítica frase de la serie Expediente-X (X-Files)? Pues la verdad es que la semana pasada, tras revisar traducciones de mis alumnos del curso de localización de Imperial College y también otros tantos textos como parte de mi trabajo como revisor en SDL Spain, me acordé de ella. ¿El motivo? Ahora mismo me explico, para que de esta forma entendáis el motivo de la actual reflexión.La verdad está ahí fuera

En multitud de ocasiones, los traductores tenemos que traducir documentación, manuales de usuario y guías de uso o referencia rápida de muchos tipos de productos diferentes. Supongo que no será una novedad para ninguno de vosotros el comentar nada acerca de traducciones de material de referencia para productos que van desde dispositivos de TI como, por ejemplo, routers, puertas de enlace o impresoras, a maquina pesada como, por ejemplo, fresadoras o grúas, pasando por los clásicos manuales de taller para coches o motos. Es en realidad parte del pan nuestro de cada día.

El quid de la cuestión es que a menudo, parece que hay veces que la necesidad de traducir rápidamente y producir el máximo posible cada hora, nos hace comportarnos de forma acrítica, en el modo de piloto automático, cual máquina de escribir de bilingüe. A medida que revisaba (en este caso, se trataba de una traducción de un manual del usuario para un programa de software libre que utilizamos en el curso de Imperial), me daba cuenta que de los algunos de los traductores habían comenzado a traducir y que, a pesar de que se habían documentado bien en materia terminológica, no se habían molestado en dedicar unos minutos a pensar en lo que realmente estaban describiendo con sus traducciones. Fue entonces cuando caí en la frase de “la verdad está ahí fuera”. En la mayoría de los casos, invertir cierto tiempo en ir más allá de las palabras de un texto y acercarnos o asomarnos a la realidad de los productos, aplicaciones o herramientas sobre las que traducimos como parte del proceso de documentación es la única forma que nos permite estar realmente capacitados para traducir adecuadamente, con conocimiento de causa. De lo contrario, si terminamos por centrarnos únicamente en las palabras incluidas en la factura del pedido de traducción, existe el peligro de que acabemos poder intimar tanto con el texto que, como una relación platónica, acabemos por idealizarlo, viéndolo conforme a nuestros propios deseos, de forma que podemos terminar amoldándolo innecesaria y erróneamente conforme a nuestras necesidades. Desde mi punto de vista, la mejor medicina para luchar contra esta deformación de traductor en continua carrera contrarreloj es interrumpir de vez en cuando el propio proceso, respirar, acercarnos a la realidad del producto sobre el que traduzcamos y comprobar que realmente lo traducido obedece a la lógica y la realidad del propio producto, y no a nuestros deseos o imaginaciones acerca de la herramienta, dispositivo o aplicación debería hacer.

En el caso concreto de la guía para el programa de software libre que he comentado, la mayoría de los fallos que me llevaron a esta reflexión estaban relacionados con el hecho de que los traductores habían ido poco a poco desarrollando cada uno su propia versión de la aplicación de software a partir de interpretaciones de los puntos más complejos de la documentación, en los que la calidad lingüística del texto de origen dejaba además bastante que desear. Si se hubiesen tomado la molestia de documentarse, preguntar sobre la aplicación para haberla interiorizado, se habrían ahorrado grandes dosis de subjetivismo en partes de la guía donde no había lugar para tantas interpretaciones.

Esta situación que comento se ve incluso con más claridad en el caso de la traducción audiovisual, de videojuegos o de adaptación de scripts. En estos casos, es absolutamente necesario despegarse un poco de la relación puramente textual y asomarse a la realidad y al contexto de los encargos en cuestión para no perder de vista la finalidad y el entorno en que los textos cobrarán vida. De no hacerlo así, al final el resultado de nuestro trabajo terminará pareciéndose más a una mala película de ciencia ficción que al fiel relato histórico* que habitualmente se nos exige en nuestro trabajo.

Bueno, eso es todo, espero que esta reflexión nos ayude a estar en alerta para la próxima. No lo olvidéis, la verdad está fuera esperando, debemos aprovecharnos de ello para ofrecer siempre un trabajo de máxima calidad (y hacer así más fácil y rápida la labor de los revisores).

Un saludo a todos,

Álvaro

4 comentarios el “La verdad está ahí fuera

  1. Olli dice:

    Hola Álvaro:

    Completamente de acuerdo. En proyectos técnicos con un gran número de palabras, hay ocasiones en las que llega el momento que se pierde el norte y quizá el “modo automático” entra en sprint. Sin embargo, parte del problema es que la ratio plazos/tarifas que se pagan en muchos casos no permiten que el trabajo tenga más calidad. No quiere decir que si te pagan 5 c palabra vayas a hacer mal tu trabajo. Solo que la calidad no será la misma que si te pagan 10 c. La calidad, en un porcentaje importante, va asociada a lo que quieras pagar por ella.

    • alvaromira dice:

      Gracias por tu comentario, Olli. La verdad es que no podría estar más de acuerdo con tus dos comentarios. Si quieres calidad haz de pagarla, pero claro, eso no quita que una vez te hayas puesto a trabajar, te concentres en la calidad y dejes aparcada (de forma casi insconsciente) el tema del pago. Un comentario muy certero, sí señor.
      Dicho esto, hoy estaba revisando otra traducción en la se ha dado el efecto Expediente-X, porque realmente el traductor creo que a la mitad del texto (muy largo por otra parte) empezó a bajar a guardia y la revisión se ha convertido en una pesadilla.
      Un saludo,

      Álvaro

  2. Patricia dice:

    Hola Álvaro:
    Muchas gracias por tu blog, lo he encontrado de casualidad y me lo acabo de guardar en favoritos. Tengo la versión demo del SDL Trados Studio 2009 porque acabo de cambiar de sistema operativo y la versión 2007 ya no me servía. Mi cliente me pide el archivo sucio. Con el 2007 me dejaba trabajar directamente en Word y enviar el sucio, pero ahora al dar Guardar como, tengo el texto origen o el destino en Word, pero no consigo guardar en Word el archivo sucio. ¿Podrías ayudarme?
    Mil gracias.
    Patricia

    • alvaromira dice:

      Hola, Patricia.
      Con archivo sucio se referirá al archivo bilingüe. En tu caso el archivo bilingüe es el archivo con extensión .sdlxliff que tengas dentro de la carpeta de la lengua de destino (con formato de código ISO, por ejemplo, es-es para español de España) a la que traduzcas (en tu caso supongo que español).
      Espero que te sirva.
      Un saludo,

      Álvaro

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