Memorias de traducción, ojo crítico y lengua enlatada

Sin duda alguna, la dinámica y el flujo de trabajo que imperan en el sector de la localización no habrían sido posibles sin la avenida y la consolidación de las memorias de traducción.

Recuerdo que durante la cena de Navidad de SDL, un par de compañeros veteranos nos comentaban a los que no llevamos tanto tiempo como ellos que en sus comienzos, todo era más lento, y que no se contaba con este tipo de tecnologías de referencia que tanto aceleran el proceso de traducción. Hacían hincapié en el hecho de que antaño, la figura del traductor gozaba de más prestigio porque se traducía siempre desde cero, con la ayuda de las obras de consulta, referencias y conocimiento propios.

Hoy en día, una memoria de traducción es parte obligatoria de cualquier gran proyecto de localización, y sería prácticamente imposible cumplir con los escuetos plazos de entrega sin la referencia estilística y terminológica que este tipo de productos proporcionan a los profesionales en el día a día.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Precisamente, hace más o menos un par de meses charlaba con mi jefe de departamento acerca de este asunto. Como recurso, una memoria de traducción es algo estupendo por todo lo comentado anteriormente (y muchas más cosas), pero, afortunadamente, no se trata del santo grial. A menudo, las memorias de traducción contienen trabajo que proviene de fuentes muy diversas, lo que no favorece la coherencia. Por otra parte, es responsabilidad de los gestores de proyectos el preocuparse de que estas memorias estén limpias, sin errores y con todos los cambios y las preferencias de los clientes aplicados. Por desgracia, no todos los gestores de proyectos de todos los proveedores lingüísticos internacionales (en este caso, en SDL gozamos de un equipo inmejorable) están preparados para llevar a cabo esta tarea (ya sea por restricciones de tiempo, por desconocimiento profundo de las lenguas, etc). Por último, a esto hay que añadir el hecho de que las memorias almacenan trabajo de muchos años, y lo que era correcto en un determinado momento y para una combinación cliente-proveedor lingüístico (sí, muchas veces los clientes cambian de proveedores, como en cualquier otro servicio), puede quedarse desfasado tanto por el propio paso del tiempo como por el desarrollo de nuevas realidades tecnológicas que tengan impacto en el modo en que se expresa la comunidad científica y técnica.

Todos estos factores pueden provocar que los mismo profesionales acabemos por utilizar las propias memorias de traducción de manera incorrecta, dando lugar a un lenguaje creado a partir de estructuras no totalmente correctas y que, con frecuencia, tienden a ser repetitivas, paulatinamente la base de datos de la memoria ha ido creciendo por autoalimentación, sin que los controles de calidad hayan servido para inyectar la dosis de crítica y creatividad que la convierta en un recurso de alta calidad.

Lengua enlatada, lengua encorsetada

Lengua enlatada, lengua encorsetada

En este punto es conveniente acordarse de aquellos momentos que comentaban los compañeros con una experiencia más (muy) dilatada. Las memorias de traducción deben ser una referencia, pero los profesionales de localización debemos ser críticos con todo aquello que se nos presenta, debemos huir de la comodidad de las palabras y las estructuras enlatadas en las memorias de traducción. Hay que ser críticos y saber discernir el grano de la paja en el material que se nos ofrece, negarse a propagar todo aquello que los sofisticados sistemas de traducción asistida, a ser consumidores acríticos de lenguaje enlatado y prefabricado. Debemos regresar a aquellos tiempos en los que se valoraba más nuestra actividad como traductores, evitar caer en la facilidad de confiar exclusivamente en la herencia lingüística.

Como comentaba Anthony Pym en una conferencia a la que asistí el año pasado en Roehampton University, en Londres, muchas veces ser innovado, creativo y desconfiar de las memorias y de lo establecido, puede ser muy positivo, tanto del punto lingüístico como desde el puramente económico (puede que el cliente acepte los cambio y la crítica como un punto a favor). Así, se debe tener ojo crítico y conseguir que las memorias de traducción sean la vela de nuestro barco, y no el timón. Ahí está la clave.

Sé que muchos de vosotros sois conscientes de este hecho, pero me parecía interesante reflexionar aspectos del día a día como este, especialmente porque todos los días te encuentras con traducciones y cosas que te recuerdan que hay profesionales que no se paran a pensarlo. Estoy seguro de que vosotros sí que lo hacéis.

Un saludo,

Álvaro

Un comentario el “Memorias de traducción, ojo crítico y lengua enlatada

  1. mario dice:

    Pues sí tío, cuando empiezas crees que las memorias son tesoros y en muchos casos resultan ser todo lo contrario. Si no hay quien realice un control exhaustivo de lo que entra en la memoria, muchas veces se encuentran verdaderas barbaridades.

    Saludos

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